#RenunciaYa

Estamos viviendo el fin del presidencialismo. Peña lo decretó al no gobernar, no comunicar y no defender a nuestro país ante la amenaza del fascista americano.

Cuando hicimos la marcha de #renunciaya se nos preguntó mucho ¿ y que pasaría si renuncia?

Un grupo de amigos propusimos un gobierno de coalición ciudadana, que trataba de encauzar el desastre de Peña otorgándole voz a una ciudadanía en proceso de despertar.

Propusimos entablar un diálogo con el gobierno para por lo menos algunos de sus hombres en el gabinete fueran destituidos y se incluyera a actores ciudadanos que pudieran darnos certidumbre para terminar el sexenio. Evidentemente nadie nos peló pero creemos que la propuesta sigue siendo viable.

Propusimos retomar la civilidad política que tanto nos hace falta a todos.  Desde ciudadanos hasta nuestros gobernantes.

Antes de la marcha presentamos un texto que abogaba por la ética y civilidad durante la marcha, y creemos que por lo menos eso sí funcionó.

En esta pequeña agrupación de gente de clase media, se demostró que sí existe una ciudadanía politizada pero que claramente no se siente representada ni por partidos ni por sindicatos, y eso no gustó a ningún grupo político.

Esto lo notamos ya que Patricia Mercado desestimó la participación ciudadana al asegurar que ni 800 pelados íbamos a ser. Por suerte fuimos más de 7,000 “pelados”

Evidentemente la marcha no logró que Peña renunciara pero tampoco fue un fracaso.

Fue importante por que salió a la calle una clase media que se ha caracterizado por su apatía, y en ese momento de defensa a la patria salió orgullosa a caminar brazo con brazo.

Lo más interesante de esta marcha además de sus propuesta ciudadanas fue la participación de la mujer.

Más del setenta por ciento eran mujeres con una energía maravillosa y unas ganas de ser escuchadas y de participar en el entramado político nacional

Eso fue de orgullo.

La propuesta de gobiernos de coalición sigue vigente, ya que Peña parece congelado ante el loco del norte.

Imagínense que pudiéramos acabar el sexenio con gente en el gabinete que dieran la certidumbre de que hay un adulto en el timón y no un mirrey aprendiendo de un país que  evidentemente le queda muy grande.