Marco Arellano Toledo | @marellano7

Politólogo, profesor de ciencia política en UNAM e IBERO

 

El frente común entre el PRD y el PAN para disputar la presidencia de la República en 2018 es apenas una intención malograda de compactar la fragmentación política nacional que elección tras elección viene sucediendo en el país y, ante la cual, los partidos no han tomado cartas reales en el asunto. Lo cierto es que el Frente Amplio Opositor es una muestra clara de los desajustes políticos que está viviendo el modelo de democracia procedimental y representativa que México ha venido implementando en los últimos treinta años. A continuación se enlistan algunas ideas sobre lo que evidencia la confección política de un frente político que parece más, una pieza retórica de la oposición, que un armado político trascendental.

Uno. La mayoría de las veces, la conformación exitosa de agrupaciones políticas (ideológicamente divergentes) en un sólo frente político ha tenido lugar en la historia cuando la oposición desorganizada no puede competir políticamente contra la fuerza oficial o hegemónica en un momento específico de las transiciones hacia la democracia, o en su caso, en situaciones de democracia representativa con largos periodos de gobierno por una sola fuerza política, partido o élite. En el caso de México, la alternancia política ha sido una realidad y en 18 años, dos partidos han ocupado la presidencia de la República y, un tercero estuvo a punto de conseguirla quedando marginado por sólo un .56% de la votación nacional del año 2006.

Dos. La construcción de un frente amplio debiera tener como punto de partida, además de la motivación política mencionada, un claro proyecto de país, que tuviera en el centro de la plataforma un diagnóstico político, económico, social y cultural de la situación actual del país, sus propuestas de transformación, su capacidad de concretarlas y un aterrizaje conceptual de una visión de cambio político. Un frente opositor sin proyecto político no es más que una velada ambición de poder. El que propone el PRD y el PAN pareciera ser de este corte.

Tres. Se asume que en países que no tienen mecanismos de segunda vuelta en su sistema electoral, los candidatos ganadores lo son aún con márgenes mínimos de victoria, incluso, muchas veces pueden ganar sin obtener la mayoría de los votos. Dada la fragmentación política que existe en el país, pasamos de sistemas bipartidistas antes del año 2000, a un periodo de tripartidisimo 2000-2012, para finalmente tener elecciones divididas en cuatro partes, 2015-2018. Dicha situación, dicen los pactistas, no construyen mayorías electorales con capacidades y legitimidad para gobernar, de ahí la necesidad de un pacto. Sin embargo, la propuesta presentada por el PAN y el PRD tampoco ofrece una salida a este desafío. Asumiendo que el PRI va en alianza con el PVEM, Morena con el PT, y el PAN con el PRD con los restantes partidos, debemos agregar al escenario a algún candidato o candidata independiente, o más de uno, por ejemplo Emilio Álvarez Icaza con su iniciativa AHORA, o Armando Ríos Piter. Todos estos independientes que de inicio no fueron convocados al Frente Amplio que luce más como partidista que ciudadano, pero que lo intentan vender como frente ciudadano más que partidista. Lo que muestra el escenario anteriormente planteado es la pobreza del argumento de que un Frente Amplio compactaría la fragmentación política y se gozaría de victorias con mejores márgenes y mayor representación.

Cuatro. En el diseño del Frente Amplio se postula que el principal motor es la oposición. Sin embargo, queda poco claro de nuevo cuál es la oposición a la que los convocantes se refieren, ¿es acaso una oposición hacia el gobierno actual?  ¿en qué se diferencian? ¿cuál es el valor político del Frente Amplio respecto al actual gobierno? Debe señalarse que ambos partidos convocantes fueron cien por ciento colaboracionistas en el llamado Pacto por México, convocado por ese gobierno federal del que ahora quieren diferenciarse y formarle un frente opositor. Nuevamente la retórica política aparece en escena.

Sexto. El Frente Amplio propuesto por el PAN y el PRD, además de su oportunismo político, se muestra más como un acuerdo de clase política opositora desplazada que un proyecto político que busque sumar voluntades. Se debe recordar que uno de los pactantes, el PAN, durante muchos años mantuvo bajo un acuerdo político intrínseco, el bipartidismo simulado entre dicho instituto político y el actual partido en el gobierno; en  los tiempos que corren y con un gobierno miope, inexperto y ensimismado, no se han producido entramados políticos que le favorezcan al PAN para cohabitar con el PRI como lo había hecho durante casi toda su vida política, por el contrario, ante los oídos necios del actual gobierno, su imposibilidad de crear vasos comunicantes que drenen y coadyuven en la tarea política, el PAN busca lo que le ha dado resultado en otros estados de la federación, una alianza empequeñecida en proyecto pero grandísima en ambiciones políticas para intentar nuevamente desplazar al PRI de la hegemonía política.  Así, este frente busca representar más los intereses de una parte de la clase política alejada del círculo del poder  que una verdadera representación de la sociedad mexicana.

Séptimo. El Frente Amplio también evidencia y permite seguir diagnosticando la crisis de representación que vive México luego de su debilitada transición a la democracia. Durante los últimos años, la sociedad mexicana ha mandado un claro mensaje, a través de distintos mecanismos políticos y de participación social, así como en los estudios demoscópicos, dicho mensaje consiste en el rechazo categórico a los partidos políticos como instituciones de representación política. Los índices de participación electoral, el desánimo por la organización ciudadana de las elecciones, los constantes casos de corrupción en el que todos los partidos políticos han sido involucrados y los informes sobre la calidad de la democracia en México, muestran que la ciudadanía cada vez está más desencantada con los partidos. Sin embargo, el Frente Amplio aún con el poco desarrollo político con el que cuenta, no aparece como una ingeniería política diferente, novedosa, que busque atender y atraer al ciudadano harto de los partidos, todo lo contrario, los afirma, los muestra con descaro y ambición política, ganar por ganar, no importando la militancia, la representación, la ideología, ni la historia política de cada cual. Pragmatismo político puro; el Frente Amplio es una burda propuesta por minimizar la crisis de los partidos y del modelo de representación, busca minimizar la discusión y darle vuelta a la hoja con una propuesta que basa su propia fuerza en la partidocracia extendida e ideológicamente desentendida, la cual parece preocuparse más por prolongar la crisis que por solucionarla.

México necesita una verdadera agrupación política, sea un frente amplio o una coalición, que represente al mayor espectro social, político, económico y cultural posible, dicha coalición debiera tener programa político, proyecto, ideas novedosas de re ingeniería política, sus líderes debieran poseer un gran espíritu reformista, que combatan el status quo, el inmovilismo y los grandes intereses anidados a la hegemonía de los poderes del Estado y la conservación de los privilegios de grupo. Si se  trazan esas miras, la sociedad se vería ampliamente identificada y el frente o coalición política tendría grandes expectativas de crecer electoralmente, pero sí por el contrario, el naciente Frente Amplio oscila entre la ambición de posiciones políticas y la oposición a un proyecto político al cual los propios convocantes se adhirieron de inicio, sus posibilidades son casi que nulas, sólo muestran la desfachatez de una clase partidista que privilegia la gula política y su ambición de poder y desdeña la crisis de representación política que evidencia nuestra joven democracia.